Un verano de olé

Hoy es el primer día que estamos en casa, después de haber pasado unas fantásticas vacaciones. Y han sido fantásticas no por las actividades que hemos hecho, sino porque hemos conseguido liberar tiempo para conectarnos con todas esas necesidades personales que, cuando estamos embarcados en la rutina de la vida cotidiana, solemos olvidar. Gracias a ese tiempo ganado a las obligaciones de la agenda somos hoy un poco más nosotros que ayer y, esperamos, un poco menos que mañana.

Algunos de estos instantes de tiempo liberado:


1. Los desayunos a la orilla del río que duran horas (y no diez minutos).


2. Las tareas domésticas llevadas a cabo con tranquilidad y entre todos.


3. El trabajo manual, concreto, tangible y compartido entre toda la familia, lejos de la individualidad de nuestro trabajo cotidiano que, aunque nos encanta, está más en la línea hombre-máquina.


4. Los largos paseos en bicicleta. A los olivos, al río, a visitar a amigos: cualquier excusa es buena para salir a hacer un poco de ejercicio.


5. La experiencia de descubrir el placer de saborear una fruta recién cogida del árbol.


6. Los juegos espontáneos compartidos con niños de otras edades.


7. El inicio de nuevas pasiones. Por ejemplo, la nueva afición de Félix por la fotografía.


8. La riqueza de ir de compras a los huertos: en éste compramos tomates, que son muy buenos; en aquél podemos conseguir uvas; mañana iremos al de la yegua Jardinera y, de paso, le damos de comer un poco de hierba; pasado mañana podemos ir al del barrio de la barca, porque allí también podemos conseguir buenos huevos…


9. La laboriosa preparación de los deliciosos dulces caseros.


10. La búsqueda de los mejores lugares para bañarse en el río.


11. La recolección de las estrellas del verano: las moras. Deliciosas solas, en yogur, en bizcocho, en batido y en mermelada.


12. El disfrute de ver casas decoradas con artesanías restauradas.


13. El descubrimiento de los animales en su propio hábitat y su personalización. “He jugado con Coco” (el perro). “Le he dado de comer moras a la burra Lola”. “A Nicolás le gusta que le den agua en un cubo” (el caballo).


14. El aprendizaje de conservar para el otoño y el invierno los mejores alimentos del verano: mermeladas de mora, conservas de tomate, higos secos, pimientos secos, etc. En la foto, la olla que conseguimos para cocer, en una sola tarde, todas las conservas.

¡Ha sido un buen verano!

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