Comida de temporada

En vez de comer durante todo el año los mismos platos, llevamos intentando desde hace un tiempo cocinar básicamente con alimentos de temporada. Para nosotros es fácil puesto que tenemos la suerte de contar con un pequeño espacio en nuestro jardín donde jugamos a plantar, cuidar y recolectar pero, además, porque Dídac nos trae, todas las semanas, una caja de frutas y verduras ecológicas que siempre nos abre el apetito.

Entre sus consejos (los que nos da en casa y los que transmite a través de su programa de televisión) y nuestra inspiración, poco a poco nos estamos acostumbrando a planear nuestras comidas alrededor de lo que hay en la encimera de la cocina. Sacar el máximo provecho de lo que tenemos aquí y ahora se ha convertido en el faro que guía la alimentación de nuestra familia y que logra que nuestros hijos coman algo más que patatas fritas.

Tiempo de plantar

Oficialmente faltan dos días para que llegue la primavera pero sólo hace falta abrir los ojos a las señales que nos manda la naturaleza para saber que la estación del crecimiento ya está entre nosotros. Hoy pienso aprovechar el día del padre para honrarla como es debido: de rodillas sobre la tierra.

Allí pienso estar, junto a mi padre, plantando caléndulas, tagetes y capuchinas, pero también fresas, espárragos, lechugas, tomates marmande, de colgar y cherry, rúcula y albahaca.

¿Alguien se apunta a plantar?

Recomendamos: “The Tassajara bread book”

Ya he citado “The Tassajara bread bookantes, pero últimamente me he dado cuenta que merece un post sólo para él: es un libro magnífico y, además, ideal para estas fechas. Con el frío que hace fuera, ¿a quién no le apetece encender el horno y cocer un pan?

A nosotros sí, desde luego. No hay nada mejor para hacer con niños una tarde de domingo que lavarse las manos, ponerse un delantal, coger un bol, llenarlo de un kilo de harina, añadir un poco de azúcar, un poco de sal, un poco de aceite, un chorreón de agua de azahar (si se tiene, la venden barata en tiendas de alimentación regentadas por marroquís) y, poco a poco, agua tibia hasta tener una masa con suficiente consistencia como para poderla amasar. Se le da forma de pan y se deja reposar, tapado con un trapo húmedo, en algún lugar cálido durante media hora. Luego, al horno caliente (alrededor de 200 grados). Y esperar: el tiempo de cocción dependerá de la forma que se le haya dado al pan. (Si queréis una receta más detallada, la que más sigo está aquí).

Es fácil, fácil, de verdad. Y a los niños les enseña algo fundamental: a tener paciencia. Porque, a veces, las cosas buenas se hacen esperar. ¿No es cierto?

Nieve y fuego

Ver nevar por estas latitudes es siempre tan extraño como maravilloso. Todo se para: hasta los colegios. Gracias a este permiso inesperado para no ir a clase, los adultos nos quedamos afortunadamente sin excusas para ir con los niños a disfrutar de la nieve. La montaña nevada nos susurra “carpe diem” y nosotros lo dejamos todo para no dejar pasar la rara oportunidad de pasear por el bosque, nuestro bosque, cubierto de nieve.

Después de un rato de gozo intenso, el frío nos paraliza y volvemos a casa. Tras la nieve, la cualidad de la casa como refugio se aprecia más intensamente. Ya dentro, dejamos abrigos, gorros, bufandas y encendemos un fuego.

Nieve y fuego. Parece necesario vivir los contrastes para poder entenderlos: abrazar el invierno en toda su plenitud, aceptar su sugerencia de bajar el ritmo y encontrar las fuentes de nuestro calor personal. Algunos, dentro del hogar; otros, fuera.

Nosotros, por ejemplo, esta semana hemos honrado la estación en la que estamos encendiendo velas al anochecer, cambiando la ropa de cama, poniéndonos nuestros pijamas más cálidos, colgando copos de nieve de ganchillo en las ventanas, aprovisionando la leñera, cocinando sopa y haciendo pan. ¿Cómo le habéis dado la bienvenida al invierno en vuestras casas?

El arte de dar

En estas fechas en las que los niños reciben tanto, en nuestra familia hemos intentado hacer énfasis también en la importancia de dar sin esperar nada a cambio.

Al ponerlo en práctica, una se da cuenta de que cada acto de generosidad vale mucho. Así que os deseamos un año nuevo lleno de momentos en los que practicar el arte de dar.

Un tesoro personal. Un dibujo. Una manualidad. Una sonrisa. Tiempo. Amor. Todos tenemos algo que dar, aunque sea muy, muy pequeño…

¡Feliz 2012!

Feliz mes del nacimiento

Como cada año, el primero de diciembre marca en nuestra casa el inicio de un mes en el que tratamos de vivir inmersos en la gran historia del nacimiento. Por eso, anoche el calendario de adviento hizo su aparición y esta mañana los niños encontraron en él su primer y magnífico regalo: el cuento “The polar express” de Chris Van Allsburg. La magia ha comenzado.

Fieles a nuestra tradición, el resto de días los nomos irán depositando en los bolsillos del calendario algunos regalitos sencillos: plastilina, un rotulador de tinta blanca, post-its mini de colores… Los asistentes de de Papá Noel, por suerte, también tienen en cuenta el diente dulce de nuestro hijo más pequeño y alguna chocolatina o piruleta dejan de vez en cuando. Los elfos son juguetones y a veces dejan en el calendario unas notas con pistas para encontrar el regalito escondido.

La magia sigue cada tarde, claro, cuando entre todos hacemos o ponemos una decoración de Navidad diferente en algún lugar de la casa, escribimos una felicitación a un amigo querido pero lejano con el que no solemos tener contacto el resto del año, leemos alguno de los libros que tenemos guardados para estas fechas u horneamos alguno de esos bizcochos o galletas que tanto nos gustan.

Me encanta esta época.

Compota de manzana

Hacer compota de manzana es lo más sencillo del mundo y una de las actividades más aromáticas que se pueden llevar a cabo en la cocina en los meses de otoño. En el mercado, hace poco, vi unas manzanas de Girona en oferta y compré un par de kilos. Ya en casa, las pelé, troceé, metí en una olla con un poquito de agua (la suficiente como para que no se pegue), añadí agar-agar, azúcar, ralladura de limón y canela. Lo dejé cocer un buen rato a fuego lento y, bien caliente, lo metí en tarros de cristal que ahora están, bien clasificaditos, en la despensa. El primer bote, eso sí, nos lo comimos ese mismo día con yogur en la merienda.

Si queréis una receta más completa y detallada, la tenéis en thekitchn.

¡Buen fin de semana!

Se siente el otoño

Por estas latitudes también se empieza a sentir el otoño de verdad, más allá del calendario.

- Empiezo a tener los pies fríos cuando camino, como siempre, descalza por la casa.

- Los niños empiezan a pedir patucos y batas o, de lo contrario, no se despegan de las sábanas.

- Hemos tenido que pasar del jardín al salón alguna de nuestras más frágiles plantas.

- Cada día encuentro en el zaguán más hojas secas.

- Los contenedores de materia orgánica de la calle están repletos de restos de podas.

Definitivamente, estamos en otoño.

¿En qué lo notáis vosotros?

Guirnalda otoñal

A veces sólo se necesita tener un momento de paz y unos materiales básicos para hacerle un guiño otoñal a la decoración del hogar.

Con fieltro, lana, madera y unas tijeras dentadas hemos hecho esta sencillísima guirnalda de hojas de colores.

Espero que os guste.

Bienvenido, otoño

VALS EN LAS RAMAS

Cayó una hoja
y dos
y tres.
Por la luna nadaba un pez.

El agua duerme una hora
y el mar blanco duerme cien.

La dama
estaba muerta en la rama.
La monja
cantaba dentro de la totonja.

La niña
iba por el pino a la piña.
Y el pino
buscaba la plumilla del trino.

Pero el ruiseñor
lloraba sus heridas alrededor.

Y yo también
porque cayó una hoja
y dos
y tres.

Federico García Lorca

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