Gracias

Gracias, Cassy, por hablar de nuestro juego de peces en tu blog The Crafty Crow.

The Crafty Crow

Aprovecho este post para dar las gracias a otros dos ciberamigos que también suelen hablar de nosotros: a Armando y a María.

Recomendamos: “Mi pequeña fábrica de cuentos”

"Mi pequeña fábrica de cuentos" de Bruno Gibert

Para un apasionado de las palabras como Félix, “Mi pequeña fábrica de cuentos” es un libro ideal. Dicen sus autores que, jugando con él, cualquier niño puede llegar a crear hasta 194.481 cuentos. Nosotros no hemos llegado a tanto.

¿Que cómo funciona? Muy sencillo. Sólo hay que mezclar las distintas pestañas y ya está: tenemos el inicio de una nueva historia. A partir de ahí, sólo hay que dejar volar la imaginación… ¿Y no es ése el objetivo de todo buen cuento?

"Mi pequeña fábrica de cuentos" de Bruno Gibert, interior

Luz

Llega el día de Todos los Santos y una no puede dejar de pensar en los seres queridos que ya no están entre nosotros. El alma se tiñe de negro y, para combatirlo, ¿qué mejor que un poco de luz?

Luz

¡Feliz fin de semana! Yo prometo comer muchas castañas, boniatos y panellets

Insectos

Hace poco leí una historia sobre el Dalai Lama que me encantó. Parece que una vez le preguntaron cómo enseñar a los niños a ser compasivos, un valor muy poco común en nuestros días. Y él respondió: “Enseñadles a amar y a respetar a los insectos”.

Insectos

Estas sabias palabras me vinieron a la mente ayer, cuando Félix perseguía por toda la casa a una mosca con el objetivo claro de masacrarla. Desalentarle no fue fácil, pero sí que creo que fue valioso. Porque la enseñanza del Dalai Lama nos ayuda a comprender que si respetamos a unos seres minúsculos, algo feúchos y a menudo peligrosos seremos capaces de respetar cualquier forma de vida.

Ya en el mundo de los seres humanos, este aprendizaje quizás nos sirva para darnos cuenta de que todas las personas son dignas de respeto, sean viejas o jóvenes, ricas o pobres, guapas o feas, nos lo pasemos o no bien con ellas.

Por muy difícil que a veces nos parezca…

Los segundos

Estando embarazada de Bruno a menudo me descubría a mí misma culpabilizándome porque a este segundo bebé que tenía en mi panza no le prestaba tanta atención como al primero. No le cantaba tanto, ni le leía tantos poemas, ni cuidaba tanto mi alimentación, ni iba a clases de preparación al parto, ni a yoga, ni, ni, ni… La lista de cosas que había hecho antes y que ahora no hacía era tan larga que me abrumaba.

Un día compartí estas preocupaciones con R., una buena amiga y madre de dos niñas preciosas. Ella se rió a carcajadas. “Bienvenida al club de las madres de más de uno”, me dijo. Y añadió: “Lo que te pasa a ti ahora nos ha pasado a casi todas. ¿Por qué no piensas en todas las cosas buenas que va tener tu bebé por ser el segundo, en vez de en todo lo que se pierde por ese mismo motivo?”.

Eso hice. Y me invadió una paz interior que continúo teniendo. Porque es cierto que Bruno no ha tenido (ni tendrá) a una madre en exclusiva, pero en cambio tiene una madre más segura de sí misma, con menos miedos, más tranquila y capaz de priorizar lo importante: dar amor. Un amor que, además, este segundo bebé recibe con creces de todos lo que le rodean, conscientes (por haber visto crecer tan rápido a Félix), de lo efímera de esta etapa.

Y, para colmo de bondades, Bruno tiene algo que Félix no tenía cuando nació: un hermano. ¡Y qué hermano! Félix le adora y protege con el celo de un San Bernardo.

Amores

Así que ser el segundo también tiene su lado positivo…

Novedad en nuestra tienda: El sonajero de bolas de madera o el poder de la mano

Con el nacimiento de Bruno, Max tenía que sacar algún juguete especial para él. Así que aquí está: un sonajero de bolas de madera.

Sonajero de bolas de madera

Este juguete es ideal para que los bebés puedan descubrir el poder de sus propias manos, ya que les permite desarrollar su habilidad para alcanzar, tocar y agarrar objetos. Con un acabado natural de aceite de oliva extra virgen, no lleva pintura, colas ni ningún otro tipo de tóxicos: lo más importante es la salud de los niños.

Este juguete es especialmente recomendable para bebés de más de tres meses y está disponible en nuestra tienda.

Esperamos que os guste.

“¿Qué es eso?”

Serán las hormonas, pero esta mini película de 5 minutos me ha emocionado tanto que la quiero compartir con vosotros.

What is that?

Un acto de confianza

Un acto de confianza

Dando de mamar a mi bebé recién nacido, me siento en contacto de nuevo con lo frágil y sagrada que es la vida. Verlo crecer, día a día, me permite renovar mi confianza en los seres humanos y en la naturaleza, así como mi afán por protegerlos a ambos.

Dando de mamar a mi bebé recién nacido me siento más allá de un mero acto alimenticio (aunque esto sólo no es poco). Percibo que estoy dando forma a un acto simbólico de confianza en el futuro.

En fin. Disculpadme. Por aquí divagan mis pensamientos después de una noche laaarga…

maxylola + simple: Cómo hacer un cojín de lantancia

Para dar de mamar con total comodidad, yo necesito un taburete en mis pies y un cojín de lactancia sobre mi regazo. El primero es fácil de conseguir, y a buen precio. Pero el segundo, ups, vale más de 80 euros. Demasiado. Así que decidimos hacerlo. Os contamos cómo:

1. Jubilamos un edredón viejo y cortamos dos telas con las siguientes medidas (¡Gracias, O., por pasárnoslas del original!).

maxylola + simple: cojin de lantancia

2. Cosemos a máquina las dos telas del revés y dejamos una pequeña apertura, de unos veinte centímetros.

3. Damos la vuelta a las telas cosidas y las rellenamos. Nosotros lo hicimos con bolitas de polipropileno, porque siempre que podemos aprovechamos y reutilizamos lo que tenemos a nuestro alcance. En este caso, el relleno de un puf viejo. Pero también se puede hacer con cáscara de espelta, algodón, látex, etc.

4. Una vez relleno el cojín, se cose (a mano o a máquina) la apertura de la tela.

En menos de una hora, cojín acabado. ¿Queréis ver el resultado final?

maxylola + simple: cojin de lantancia 2

Nacido en casa

Muchas de vosotras me habéis pedido que cuente en el blog la historia del nacimiento de Bruno. No lo haré, porque fue tan bonito que deseo que siga perteneciendo al mundo de lo susurrado (y no de lo proclamado). Pero sí que me apetece compartir un par de reflexiones.

La primera es que después de haber tenido un hijo en el hospital y otro en casa, creo que los dos tipos de partos tienen aspectos positivos y negativos y que, por lo tanto, ninguno de ellos es mejor que el otro. Entonces, ¿cómo escoger el lugar para parir? No lo sé. Yo, durante cada embarazo, pensé dónde me sentiría más tranquila y segura a la hora de parir, y esa reflexión me llevó a escoger el hospital ante la inexperiencia del primer parto y mi casa, para el segundo.

El segundo aspecto del que quería hablar es del dolor. Aunque yo ya había visto “Orgasmic birth“, un documental que ha hecho furor en Estados Unidos y que explica qué ocurre cuando a la mujer se le enseña a disfrutar del nacimiento en lugar de a sufrirlo, mi experiencia en el hospital me hacía dudar seriamente de que los partos podían estar carentes de dolor. Me equivocaba. Desde el nacimiento de Bruno puedo decir que sufrí más con epidural en el hospital que sin ella en casa.

¿Cómo lo conseguí? Pues estas fueron las cinco claves que a mí me han funcionado.

El principal, Max, un hombre que no paró de cuidarme y darme lo que necesitaba en cada momento.

El segundo, la respiración: concentrarme en mandar mucho aire al bebé para que tuviese oxígeno mientras lo apretaba cada contracción me hacía no pensar para nada en el dolor.

El tercero, la visualización: en mi caso me funcionó pensar en una luz blanca que entraba por mi nariz a modo de aire, llegaba a la barriga rodeando a Bruno en su líquido amniótico y le acompañaba en su camino hacia fuera, hacia la luz. Y, como complemento a ese recorrido mental, repetía dentro mío las siguientes palabras a modo de mantra: “Aire. Agua. Luz”. 

El cuarto secreto fue vocalizar: acabar cada contracción con una liberación de la voz, que en mi caso era algo así como un “aaaaa” gutural.

Y el quinto, la comadrona, una mujer tranquila que desde que llegó a casa se hizo cargo de forma discreta de la situación, confirmó que todo iba muy bien y luego se sentó en una esquina a esperar. Dejó que Max y yo siguiésemos viviendo en privada soledad la experiencia del nacimiento de nuestro hijo y no intervino hasta que fue realmente necesario.

Gracias a todo ello, Bruno nació feliz y en paz.

Y así sigue…

El mejor lugar para nacer

(PD1 – Por cierto, me han comentado que el documental “Orgasmic Birth” se puede comprar en la web de Crianza Natural.)

(PD2 – Para las que queréis saber más sobre la comadrona que nos ha acompañado, la podéis ver en acción en este mini documental