Tan fundamental me parece que los niños vuelen con su imaginación, como que los adultos tengamos los pies en el suelo. ¿Por qué lo digo? Pues porque estoy cansada de ver cómo los medios de comunicación, los políticos, los economistas, etc., no dejan de seducirnos para que deseemos ir más allá, mucho más allá, de nuestras posibilidades reales. Con el deseo más o menos encubierto de que consumamos, claro.
Por ejemplo, a la hora de planificar las cada vez más cercanas vacaciones. ¿De verdad necesitamos irnos lejos para disfrutar de ellas?
En los tiempos que corren creo que es fundamental ir más allá de una vida hedonista, llena de deseos, y concentrarse en disfrutar de lo que ya tenemos. No se trata de desear lo que no tenemos, sino de desear lo que tenemos.
Y que conste que escribo esto para ver si la próxima vez que alguien o algo intente seducirme con sus cantos de sirena, soy capaz de recordar que no porque desee algo debo perseguirlo a toda costa.
Tanto preocuparnos por poner límites a los niños, cuando somos los adultos los que deberíamos ponérnoslos a nosotros mismos tantas y tantas veces…
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